NIÑOS CENTROAMERICANOS QUE PIDEN REFUGIO A MÉXICO SE QUINTUPLICAN

La cifra de niños de Honduras, El Salvador y Guatemala que pidieron la condición de refugiados a México tras internarse solos por la frontera sur se quintuplicó en el último lustro, con un incremento de los menores que escapan de la violencia.

“El motivo de la migración continúa siendo reunirse con sus familias (en EEUU), pero en los últimos años el número de niños y niñas que mencionan el tema de huir de la violencia en sus comunidades ha aumentado”, manifestó a Alison Sutton, representante adjunta del Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (UNICEF) en México.

Las peticiones anuales de refugio de niños no acompañados de los tres países subieron de 21, en 2011, a 112 durante los primeros 10 meses de 2015, un 500 por ciento más, conforme a datos de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), instancia del Ministerio del Interior.

En total, las solicitudes durante esos cinco años sumaron 298, la gran mayoría de niños procedentes de Honduras (159) y El Salvador (105), y en menor medida de Guatemala (34).

No obstante, la cifra de peticiones es minúscula en comparación con el flujo masivo de niños solos de los tres países, que pasó de 3.476 casos detectados y atendidos por las autoridades en 2011 a casi 17.000 en 2015, de acuerdo con datos del gobierno federal.

En la mayoría de los casos, los menores se internan en México con la intención de llegar a Estados Unidos para reunirse con sus padres allí emigrados, pero no todos son informados adecuadamente por las autoridades migratorias sobre la posibilidad de pedir refugio.

Giaydi Gutiérrez, directora del Albergue Temporal para Menores Migrantes de la ciudad de Tapachula, en el sureño estado de Chiapas, consideró como inédito el desplazamiento masivo actual y dijo que los niños comúnmente abandonan sus hogares sólo con la ropa que traen puesta.

Al albergue, localizado en la frontera con Guatemala y en un punto crucial de la ruta migrante, son canalizados menores que tramitan la condición de refugiado o que serán repatriados a sus países tras ser detectados.

“En el albergue tenemos un alto porcentaje de niños de Guatemala pero generalmente sus razones de salida son de tipo económico.

En contraste, los de Honduras y El Salvador sí señalan como motivo de salida la persecución de las pandillas, grupos delictivos organizados donde hay narcotráfico”, dijo.

En muchas ocasiones, explica Gutiérrez, los menores desisten en la petición de refugio porque los trámites duran del orden de los tres meses.

“Aun cuando tienen un riesgo grave en su país ellos dicen que no quieren ir a un albergue, dicen ‘mi intención no es vivir en México, ya veré cómo hago'”, manifestó la funcionaria del albergue, que pertenece al sistema de protección a la infancia del estado de Chiapas.

En este sentido, manifestó Sutton, el aumento de la migración y de las solicitudes del estatus de refugiado, que otorga regularización migratoria y acceso a la atención social, se han convertido en un desafío para México en cuanto a identificar a los niños que necesitan protección y agilizar los procedimientos.

“Implica trabajo de varias áreas para que el menor entienda que lo mejor para su futuro es permanecer aquí”, precisó al respecto Gutiérrez.

De acuerdo con las autoridades mexicanas, la gran mayoría de los menores centroamericanos que abandonan sus lugares de origen son varones de entre 13 y 17 años de edad con estudios escolares de secundaria.

Buena parte de ellos son originarios de San Salvador y Tegucigalpa, las capitales de El Salvador y Honduras, respectivamente, aunque también de las ciudades hondureñas de San Pedro Sula y Choluteca, de acuerdo datos del Movimiento Migrante Mesoamericano.

Los niños que obtienen el estatus de refugiados son enviados a albergues de puertas abiertas en Ciudad de México y el central estado de Puebla, donde se les facilitan las condiciones para que acudan a la escuela o aprendan oficios hasta que cumplen 18 años.

“Muchos de ellos cuando llegan nos dicen ‘quiero ser doctor o ingeniero’, nos dicen ‘yo quiero ser licenciado para tener un escritorio, un clima, un carro'”, concluye Gutiérrez. La representante adjunta de UNICEF en México confió en que, tras la promulgación de la ley general para la infancia, en 2014, las autoridades implanten más y mejores medidas para identificar y proteger a niños migrantes en riesgo.

“Es un gran problema, hay números fuertes y muchos desafíos, pero a través de este tipo de instalación de mecanismos especializados estamos viendo pistas de solución que se espera que redunden en atención individualizada a la situación de cada niño y niña”, mencionó Sutton.

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