LA RESACA DEL VINO ESPAÑOL

Por RAPHAEL MINDER
(NY TIMES)

 

TOMELLOSO, España — Para muchos, la vinicultura evoca imágenes de extensos viñedos, barricas de roble y bodegas cavernosas.

Sin embargo, en la bodega Virgen de las Viñas, la mayor productora de la región vinícola más grande de España, la producción tiene forma de depósitos de acero gigantes y mangueras conectadas a camiones cisterna. Los empleados trabajan tres turnos para mantener las operaciones las 24 horas del día.

“Aquí no elaboramos vino, lo producimos”, dijo Isidro Rodríguez, el director técnico de la empresa. “En realidad somos una fábrica”.

Este es el lado poco romántico de la producción de vino en la región de Castilla-La Mancha, que representa la mitad de la producción del país. La mayoría se vende a granel y se transporta al extranjero, donde puede mezclarse con otros vinos e incluso volver a exportarse.

Aunque los productores españoles elaboran enormes cantidades de vino, algunos han comenzado a reconsiderar si optar por el volumen fue la mejor estrategia, ya que la sobreproducción provocó una caída en los precios y en la reputación vinicultora del país.

“Castilla-La Mancha cumple con todos los requisitos de una región agrícola con producción de grandes volúmenes, pero tal vez no podamos decir lo mismo en cuanto a la calidad del vino”, explicó Miguel Ángel Benito, sumiller y director técnico de un museo del vino en Peñafiel, en Castilla y León, otra región vinícola.

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“España ha accedido a un mercado a granel en expansión, porque hay millones de personas a las que les encanta el vino pero no pueden pagar una botella cara”, añadió.

No obstante, incluso algunos grandes productores en Castilla-La Mancha se sienten un tanto mareados, porque como dice el refrán “lo mucho (aunque sea bueno), enfada”.

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Un empleado en Virgen de las Viñas, la bodega con la mayor producción de vino de Castilla-La Mancha Credit Samuel Aranda para The New York Times
“Nuestras exportaciones crecieron exponencialmente, pero tal vez demasiado rápido, lo cual nos hizo acabar en el rango de precios equivocado, donde se vende mucho vino a un precio muy bajo”, explicó Rafael del Rey, director del Observatorio Español del Mercado del Vino, un instituto que investiga y promueve el vino nacional.

Últimamente, Francia e Italia han luchado por convertirse en el primer productor mundial de vino, seguidos por España, en el tercer lugar, con una producción muy por encima de países como Estados Unidos, Chile o Australia.

Los grandes productores en Castilla-La Mancha, claro está, se sienten orgullosos de la irrigación, la mecanización de la cosecha y los sistemas de almacenamiento de vanguardia que han logrado implementar con ayuda de subsidios de la Unión Europea. Con una mano de obra relativamente barata, su infraestructura les ha permitido reducir el precio de su vino a la mitad de los precios de Francia.

No obstante, Rafael del Rey hace una comparación reveladora entre España e Italia. En el año 2000, ambos países exportaron su vino al mismo precio promedio: 1,41 euros por litro. En 2014, Italia estaba vendiendo su vino en un promedio de 2,5 euros por litro, o 2,78 dólares al tipo de cambio actual, mientras que en España se vendía a 1,17 euros o 1,30 dólares.

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En ese mismo periodo, las exportaciones italianas se incrementaron 15 por ciento en volumen, en tanto que en España, un 154 por ciento. Sin embargo, los ingresos por exportación españoles solo llegaron a los 2600 millones de euros, casi la mitad del valor de las exportaciones italianas.

El vino a granel de España ha desplazado al italiano en el mercado europeo, en especial en Francia. España ahora vende alrededor de 500 millones de litros a Francia, de los cuales el 90 por ciento son exportaciones de vino a granel, a un precio promedio de cuatro décimas de euro por litro.

En épocas recientes, Francia ha exportado cerca de 250 millones de litros de vino a granel, a un promedio de 1,24 euros, tres veces más que el precio de España, comentó Rafael del Rey.

“No estoy diciendo que Francia vuelva a exportar cada litro que entra al país proveniente de España”, dijo, “pero es innegable que parte del vino español forma parte de las exportaciones francesas, con mucho valor agregado”.

Incluso los vecinos de España han comenzado a quejarse de que el país está produciendo demasiado vino que va a parar a sus mercados.

En abril, agricultores franceses detuvieron cinco camiones españoles cerca de la frontera y vertieron el vino por la carretera en protesta por lo que consideran competencia injusta. En respuesta, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España presentó una queja ante Francia y argumentó que era necesario evitar dichos ataques.

Cesáreo Cabrera del Prado, presidente de El Progreso, productor en Castilla-La Mancha, dijo que podía entender la molestia de algunos agricultores franceses, “pero cada país tiene sus fortalezas”.

Si bien España ha reducido los costos de producción de Francia, dice Cabrera, “los agricultores de productos lácteos franceses han hecho lo mismo con la leche española”.

El Progreso embotella únicamente alrededor del 5 por ciento de su vino, cuya botella más cara se vende al detalle en 6 euros, o 6,67 dólares. En cambio, la mayoría de su vino acaba en cisternas de camiones y una parte se empaca mediante el sistema de “bolsa en caja” (una bolsa de plástico de hasta 20 litros que se coloca en el interior de una caja de cartón que muchas veces ya lleva una marca extranjera).

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El laboratorio en la fábrica de vinos de El Progreso Credit Samuel Aranda para The New York Times
En una esquina del almacén de El Progreso, por ejemplo, se ven cajas que llevan una marca estadounidense, pero también muestran el etiquetado de origen con la leyenda “Producto de España”.

No obstante, algunas regiones vinícolas españolas han modificado sus prácticas.

Hace dos décadas, las autoridades de la Rioja, al norte de España, presentaron una ley que exigía a los productores embotellar su vino. La medida fue rechazada e incluso llegó hasta el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que en 2000 rechazó una demanda de alguien que todavía quería importar vino de Rioja a granel.

¿Podría Castilla-La Mancha seguir el ejemplo de la Rioja? Eso “suena bien, pero no es práctico”, principalmente dado el tamaño de los viñedos de Castilla-La Mancha, comentó José Luis Lapuente, director general del consejo regulador de la denominación de origen Rioja.

Cuando la Rioja estableció la prohibición, el vino a granel representaba solo el cinco por ciento de su producción, dijo, mientras que en Castilla-La Mancha, “la gran mayoría de los grandes productores dependen completamente de la venta a granel y sus economías de escala”.

Aunque muchos expertos creen que España debería reducir su dependencia del vino a granel, dicha reforma podría ser perjudicial, comentó, en especial para los miles de agricultores en Castilla-La Mancha que venden sus uvas para producción al por mayor.

Los productores de Castilla-La Mancha comenzaron a depender más del vino a granel en 2009, después de que la Unión Europea decidiera poner fin a los subsidios para el alcohol destilado.

Desde entonces, los cosechadores más importantes han llevado los precios de España a niveles históricamente bajos. Virgen de las Viñas, por ejemplo, espera recuperarse este año, tras haber registrado pérdidas el año pasado, mencionó Enrique Cepeda, su director ejecutivo, que no espera que los precios aumenten en un futuro próximo.

“Un productor de Seat preferiría vender un Porsche”, explicó Cepeda, al comparar el vino a granel con la marca de automóviles que se fabrica en España. “Pero ese cambio no es fácil”.

A pesar de todo, algunos productores pequeños en Castilla-La Mancha están siendo reconocidos por la calidad de su vino y les parece cada vez más incómodo coexistir con sus vecinos que producen a granel.

Carlos Falcó, un aristócrata español cuya familia dirige la finca vinícola Marqués de Griñón, comenzó a presionar hace poco a los políticos para que ayudaran a que su región dejara de producir vino en grandes volúmenes.

“Cuando un cliente extranjero visita mi bodega y quiero venderle una botella en 20, 30 o 40 euros, no ayuda mucho que sepa que las botellas que se venden en los alrededores cuestan tan solo unos céntimos”, dijo Falcó.

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