LA HOMOFOBIA COMO DISCURSO

La definición más tradicional de odio indica que es la antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.

Sin embargo, las maneras en que se desea este perjuicio pueden ser muy variadas, hasta llegar a conductas extremas como la agresión física o incluso quitar la vida a una persona por cuestiones como su orientación sexual o identidad de género.

Para explicar esta animadversión, que ha provocado en México más de mil 300 muertes en los últimos veinte años, especialistas en diferentes campos del conocimiento social reflexionaron sobre los factores socioculturales que son caldo de cultivo para el surgimiento de personajes como “El sádico”, quien, sin el menor recato, afirmó que haber matado a hombres homosexuales era un “bien para la nación”.

La misma conducta y pensamiento podrían albergarse en mucha otras personas en diferentes grados, e incluso alcanzar cierta aceptación social.

Estas complejidades del entramado social son las ideas conductoras de Héctor Domínguez Ruvalcaba para reflexionar, desde la academia y la interdisciplinariedad, sobre la construcción, permisividad y arraigo de discursos de odio hacia la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, travestí, transgénero e intersexual (LGBTI).

Enfoque multicolor

Para el investigador de la Universidad de Texas en Austin, el quehacer analítico sobre el tema surgió en un contexto muy particular.

En la Plaza del Sol, en Guadalajara, Jalisco, donde se encontraba realizando una estancia académica en la Universidad de Guadalajara, se registraron una serie de agresiones, incluso con armas de fuego, a mujeres trans que ejercían el trabajo sexual en el lugar en 2005.

Interesado por el tema de la violencia, Ruvalcaba inició un seminario, sobre todo acerca de aquella violencia derivada del género de la víctima, partiendo de la necesidad de un enfoque múltiple, pues “la violencia y el género no se pueden estudiar desde una sola disciplina”, comenta en entrevista el autor de La modernidad abyecta.

Por esa razón, reunió a psicólogos, filósofos, comunicólogos, humanistas, politólogos, entre otros profesionales, para estudiar el fenómeno de la violencia homofóbica como un entramado de factores culturales que la constituyen como violencia estructural en diferentes ámbitos como el espacio laboral, escolar y público, pero también en los medios de comunicación, la religión, las leyes y la literatura, por mencionar algunos.

Contenidos como los ofrecidos por Televisa son una gran fuente de la homofobia de nuestra sociedad, “y muy peligrosa” por normalizar la ridiculización de las personas homosexuales en sus programas.

La religión que gesta el odio

Producto del seminario es el libro La cuestión del odio. Acercamientos interdisciplinarios a la homofobia en México, el cual abre –y no de manera casual, aclara el propio compilador– con un texto sobre las políticas de la iglesia católica hacia los homosexuales.

De manera enfática, para el doctor en Literatura Hispánica, la Iglesia es la autora intelectual de los crímenes de odio por homofobia. Al preguntársele por qué, asevera que tanto el papa (en turno) como “El sádico” coinciden en la idea de vender a un Dios que odia a los homosexuales.

 

Muestra de esto es la postura de la iglesia católica (y otras iglesias) respecto al matrimonio igualitario, pues “pega de gritos cada vez con un menor número de feligreses”, refiere. “No han entendido que la Edad Media ya pasó hace mucho tiempo y que la sociedad vive su sexualidad de otra manera. No hay derecho de exigirle a los demás ceñirse a sus reglas”.

Sin embargo, advierte que la proliferación de este discurso también depende de la inacción de la comunidad LGBTI, y recuerda que hace 15 años no existían los instrumentos legales con los que se cuenta hoy en día. “Podíamos ir por la calle y decir ‘pobre de mí, siempre soy víctima’”, ironiza.

En contraparte, consideró que hay leyes que protegen y respaldan a este sector de la sociedad, pero “en la esfera pública y en las iglesias, personajes públicos están faltando a la Constitución, están promoviendo el odio y la discriminación. Hay que procesarlos legalmente porque ya hay un marco jurídico a favor de la población LGBTI. Nuestra fuerza es mayor y no nos hemos dado cuenta de ello”.

Como respuesta a esa situación, resaltó que en nuestra cultura hay una predilección por ser víctimas y vivir un melodrama. “El discurso de la víctima es un discurso pasivo. La personas que es víctima y no pasa por un proceso de resiliencia, no está haciendo lo que debe hacer”, acotó.

“Lo que lo vino a despertar fue el sida, no sólo en la búsqueda de apoyos para reducir las cifras de personas con el virus sino también en denunciar el discurso homofóbico que había detrás del surgimiento de la pandemia”.

Un tema abandonado

Acerca de la poca reflexión académica sobre las fobias hacia la diversidad sexual, Domínguez consideró que estos temas siempre se abordan desde la emergencia y recordó que el movimiento LGBTI se había dormido en los años ochenta, ya que había tenido contradicciones con el socialismo y los movimientos sociales de la época, es decir, estaba dividido.

“Lo que lo vino a despertar fue el sida, no sólo en la búsqueda de apoyos para reducir las cifras de personas con el virus sino también en denunciar el discurso homofóbico que había detrás del surgimiento de la pandemia”, añadió.

Otro factor que contribuye a este “abandono” del tema es que la homofobia parece estar condicionada por los “dineros internacionales”, al igual que muchos otros temas de derechos humanos, explicó el también especialista en masculinidades.

Para ejemplificar su argumento, citó lo ocurrido recientemente, cuando el titular del Ejecutivo realizó “una acción atrasada” al reconocer la necesidad de avalar el matrimonio igualitario en todo el país, porque ya la Suprema Corte de Justicia de la Nación había hablado del tema y dicho que se debería hacer eso. La medida, asegura, respondió a presiones de la Unión Europea y de otros organismos porque si no se arregla el problema de derechos humanos, no se da dinero o hay algunas sanciones a nivel internacional.

Política insana

La política es un ámbito que no es ajeno a la construcción de este tipo de discursos, consideró el académico y docente, ya que, en México, el odio se ha desatado por la falta de una política sana, como lo reflejaron los hechos ocurridos en Xalapa, Veracruz, en el Bar Madame, ampliamente concurrido por la comunidad LGBTI, al verse que quienes deciden no son las autoridades sino las organizaciones criminales, que pretenden imponer la ley de la fuerza.

A nivel público, en el cual entran los medios de comunicación, refirió que contenidos como los ofrecidos por Televisa son una gran fuente de la homofobia de nuestra sociedad, “y muy peligrosa” por normalizar la ridiculización de las personas homosexuales en sus programas.

A escala comunitaria, sobre todo al interior de colectivos LGBTI, consideró al sector trans como el más vulnerable pero también el más combativo, porque tiene mayor capacidad de confrontación frente al Estado y a la sociedad, además de haber tenido espacios en la política e incorporarse a otros movimientos sociales. Uno de sus retos, subrayó, es que al interior de la comunidad LGBTI también existe la transfobia.

El compilador de esta serie de ensayos (publicados por la Universidad Veracruzana y que incluyen textos de Gloria Careaga, Norma Mogrovejo, Jordi Diez y Rafael Gandhi Magaña, entre otros) afirmó que no es pesimista sino “optimista instrumental”, es decir, observa la posibilidad de actuar en ámbitos como el religioso, donde el ser homofóbico equivale a ser buen cristiano, debido a que dentro de las mismas iglesias se están gestando cambios porque muchos de los feligreses no están de acuerdo con lo que dicen sus líderes. Las y los católicos se han dado cuenta de que tienen familias en las cuales hay un gay, una lesbiana o un trans. Siempre hay alguien a quien discriminar intrafamiliarmente y que sufre con este tipo de discursos.

Para que se genere el tan anhelado cambio cultural, empatado con los avances legislativos, Domínguez Ruvalcaba subrayó la necesidad de una reeducación de la sociedad, la cual debe salir de los afectados mismos, de quienes padecen el estigma y la discriminación por su orientación sexual o expresión de género día con día, que un día digan “no me gusta lo que sale en la tele”. Ahí comenzará el cambio.

*Publicado en el número 241 del suplemento Letra S del periódico La Jornada

Consulte la edición completa en http://letraese.jornada.com.mx/

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